Polarización, el gran legado
Si algo hay que reconocerle a López Obrador y su transformación que no fue, es la victoria cultural que ha logrado en prácticamente todo México, la cual consiste en que hoy en día todo, absolutamente todo, es visto en blanco y negro tanto por tirios como por troyanos. Ese discurso machacado durante cinco años de que “90 por ciento lealtad”, “si no estás conmigo, estás en contra mía”, “es que ese que pensé que era de los nuestros, salió traidor”, “ese que nos critica es porque seguramente perdió el chayote” y un largo etcétera de frases presidenciales que van en el mismo sentido, ha permeado en casi toda la sociedad mexicana, sin importar su filiación política ni sus lazos de amistad o familiares. En casi todos los círculos sociales, la plática política es binaria, ese término que por otras razones está tan de moda me resulta muy útil para este texto, y es que, al hacer algún matiz o al señalar cualquier error cometido por el o los líderes políticos del campo que sea, provoca la represión inmediata del disidente. Y no sé si se han dado cuenta, pero hasta ahorita el gran legado de este gobierno no son ni las pensiones universales, ni tampoco los programas asistencialistas, ni mucho menos el aumento en los salarios (esa es obra de Trump y su T-MEC que busca igualar los salarios para que las empresas lo piensen más antes de salir de E.U); sino que el gran legado de este gobierno es el imponer y no discutir, o sea, lo contrario a hacer política.
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