AL ESTILO MATHEY
Buen día, apreciado lector:
Siempre se dijo —y se comprobó en carne propia— que el periodismo hace y deshace ídolos.
Construye y destruye personajes, a veces con la misma facilidad con la que uno cambia de café a té cuando el estómago protesta.
A este reportero siempre le ha gustado leer o escuchar que el periodismo es un oficio apasionante.
¡AY QUÉ TIEMPOS!
Nos tocó la época del periodismo impreso, voceado, de ese que olía a tinta fresca y a prisa verdadera.
Voceado con picardía y veracidad, como nadie lo hizo jamás en mi pueblo, como lo hacía mi hermano Pedro Cadena Mathey allá por las calles de Acayucan:
con la voz firme, el paso ligero y la mirada de quien sabía que traía la noticia antes que nadie… aunque fuera la del clima.
O como Don Chucho Alegría, con su biciclo, su bocina y su incomparable voz de locutor, anunciando eventos en los años sesentas.
Un personaje que, si hubiera nacido en estos tiempos, seguro ya tendría canal de YouTube, patrocinadores y hasta un podcast de “historias del pueblo”.
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