Recesión y fracaso
Antes que nada, les deseo a todos unas felices Pascuas; y ese deseo ahora más que nunca espero se vuelva realidad porque los tiempos que vivimos se están volviendo sumamente difíciles por muy diversos motivos tanto nacionales como internacionales, pero aquí estamos y mientras estemos en este mundo habrá que tener optimismo y a la vez seguir observando para reflexionar sobre los acontecimientos.
Y hablando de acontecimientos, fíjense que entre tantas cosas que sucedieron durante el asueto de la Semana Santa, nos enteramos que de acuerdo a lo más aceptado por quienes cultivan la disciplina de la economía, México se encuentra ya en una recesión económica al llevar ya más de dos trimestres consecutivos con una contracción del Producto Interno Bruto (PIB), lo cual se traduce en que llevamos más de un semestre con una disminución de la producción, del empleo, del ingreso real y del consumo.
No vamos a hablar de indicadores y cuestiones técnicas que son cansadas y poco entendibles para quienes no somos expertos en la materia, pero sí vamos a pensar en cosas simples como el para qué sirven mil pesos al ir al supermercado o que tan difícil es vender y/o adquirir un bien o un servicio y que sea pagado oportunamente; nada más con pensar en eso vemos cuánta razón tienen los economistas al hablar de una recesión económica y cuán mentecato fue López Obrador al decir que medir el PIB no sirve para nada.
Pero el problema es que la historia no terminó ahí, sino que ahora el gobierno mexicano lanzó un plan para reactivar la economía que consiste en elevar la producción de bienes nacionales a través de la inversión privada interna y externa.
