Cecilio García

columna

Cecilio GarcíaColumnistas

PINOCHOS… DE CARNE Y HUESO

Pinocho no fue concebido solamente como un cuento infantil. La obra de Carlo Collodi, publicada en 1883, es una parábola moral sobre la mentira, la responsabilidad y la distancia entre lo que se promete y lo que se cumple.

La célebre nariz que crece cuando el muñeco miente no es un simple recurso cómico: simboliza que toda falsedad deja huella visible, aunque el mentiroso crea que nadie la nota.

Si Collodi viviera en el siglo XXI, quizá no escribiría sobre un muñeco de madera, sino sobre ciertos gobernantes de verbo revolucionario y práctica contradictoria. Porque hoy abundan los Pinochos de carne y hueso: políticos que hablan en nombre del pueblo mientras administran privilegios, que condenan la opulencia desde palacios oficiales, que prometen libertad mientras cercan instituciones, y que llaman “justicia social” a la perpetuación de sus camarillas.

La izquierda autoritaria latinoamericana ha perfeccionado una técnica antigua: manipular la lengua para dominar la realidad.

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-Sheinbaum y colegas…¿ya midieron los resultados de Barcelona?

*** ¿Ya le midieron al agua a los tamales? Si bien miramos, a los presidentes latinoamericanos que fueron a Barcelona a defender la Democracia, en realidad les fue bastante mal, al grado de que fueron opacados por María Corina Machado, a la que no invitaron Sheinbaum y sus colegas… De hecho, esa encuesta que periódicamente nos recetaba el ex presidente López Obrador en la que usualmente estaba él en SEGUNDO lugar de presidentes con mayor aceptación después de India; ahora, la presidente Sheinbaum aparece en el DÉCIMO lugar… Pero sí, valdría la pena que todos los mandatarios que fueron a España contrataran a alguien que les haga un análisis verdadero de los resultados de esa reunión y dejen de escuchar los cantos de las sirenas…

***¿Cómo se limpia eso? Esta vez, la elección de tres consejeros electorales del INE, podría convertirse en la más cuestionada de la historia, en la que se habla de cuotas partidistas entre los partidos de la alianza de la 4T, se dice que entre los tres que quedarían estarían personajes muy identificados con Morena, PT y PVEM…se afirma además que al menos de esos tres nuevos consejeros del INE están los artífices y asesores de la muy cuestionada Reforma Electoral… ¿Cómo se podría limpiar todo ese cochinero que rodea a esta elección?…Y es que los diputados de esos tres partidos son realmente quienes la han enturbiado todo eso…

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MALA FAMA

Como bien señala la sabiduría popular, la mala fama nace en casa. Se trata de un juicio colectivo que se impone sobre aquel que contraviene las normas de conducta establecidas.

En términos formales, alude a lo que comúnmente conocemos como mala reputación.

Por eso, México, no necesita campañas de desprestigio desde el extranjero. Le basta con mirarse al espejo. Un espejo que no miente.

Porque la mala fama —esa que incomoda, que irrita y que el poder intenta minimizar— no surge de la nada.

Se construye. Se alimenta. Se exporta. Y, lo más grave, se niega.

El primer paso para corregir un error es reconocerlo. Pero en la narrativa oficial de la llamada Cuarta Transformación, los yerros no existen.

Todo cuestionamiento se diluye en una frase repetida hasta el cansancio: “tenemos otros datos”. Una suerte de escudo retórico que no resuelve, pero sí evade.

Durante décadas, México fue referente en América Latina. Liderazgo diplomático. Influencia cultural. Estabilidad relativa. Hoy, esa imagen se ha erosionado. Y no por percepciones aisladas, sino por realidades persistentes: violencia desbordada, corrupción enquistada, impunidad sistemática, desapariciones que laceran a miles de familias y un crimen organizado que ha dejado de ser clandestino para convertirse en protagonista.

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ENTRE MULA Y MULA…

En política, los silencios son más elocuentes que las palabras. Callar puede ser mejor. Y las ausencias… gritan.

¿Dónde está “Andy”?

¿Se esfumó o simplemente lo guardaron?

Porque cuando el hijo del poder desaparece del radar público, no es casualidad. Es cálculo. Es contención. O es conflicto. O está revelando disgustos allá en “La Chingada”.

En los pasillos de Palacio Nacional —donde el poder no se ejerce, se respira— corre una versión que no necesita confirmación oficial para ser creíble: la tensión entre la Presidenta y el llamado “príncipe heredero” no es menor.

La escena, dicen, fue breve pero contundente.

—“Yo solo informo a mi papá”, habría soltado “Andy”, con esa mezcla de candidez y poder heredado.

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En Política… LAS MENTIRAS SE PREMIAN

Mark Twain, escritor, orador y humorista estadounidense, con su ironía afilada, dejó una de esas verdades suspendidas en el tiempo: “la política como el único oficio donde la mentira no solo se tolera, sino que a veces se premia”.

No es una exageración. Es un diagnóstico.

Vivimos en una realidad donde prometer se ha vuelto un acto vacío, casi automático.

Se promete como quien respira: sin intención de cumplir, sin consecuencias por fallar.

La mentira no escandaliza; apenas sorprende. Y cuando lo hace, su efecto dura lo mismo que un ciclo de noticias: un día, quizá dos, antes de ser reemplazada por la siguiente indignación.

Lo verdaderamente inquietante no es que los políticos mientan. Eso, tristemente, es parte de la naturaleza humana amplificada por el poder.

Lo alarmante es la normalización. Hemos aceptado que engañar es parte del juego, que el discurso es teatro y que la ética es opcional.

Peor aún: hemos aprendido a convivir con ello sin exigir demasiado.

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CRÍTICOS DESCALIFICADOS

En las democracias maduras, la crítica es oxígeno. En los regímenes personalistas, en cambio, la crítica es tratada como traición.

Allí comienza la diferencia entre un gobierno que se somete al escrutinio público y otro que intenta domesticarlo.

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se instauró una práctica inédita en la comunicación política mexicana: desde la tribuna presidencial de la llamada mañanera se señalaba públicamente a periodistas críticos.

No se discutían únicamente sus argumentos; se ponían sobre la mesa sus ingresos, sus propiedades, sus supuestos intereses económicos.

La opinión se convertía así en sospecha moral. El mensaje era claro: quien cuestiona al poder debe ser desacreditado.

Entre los periodistas más mencionados o atacados figuraron nombres conocidos del periodismo nacional: Ciro Gómez Leyva, Joaquín López-Dóriga, Carlos Loret de Mola, Víctor Trujillo —Brozo—, Pedro Ferriz De Con, Carmen Aristegui, Pepe Cárdenas y Azucena Uresti, entre otros.

No se trataba de un debate académico sobre sus posturas o su trabajo periodístico; el mecanismo era simple y más eficaz políticamente: erosionar su credibilidad frente al público.

La literatura sobre populismo contemporáneo describe este fenómeno con bastante precisión.

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CUANDO EL RÍO SUENA…

En política, como en la vida cotidiana, los rumores rara vez nacen de la nada. Se alimentan de silencios, de evasivas y, sobre todo, de la ausencia de información clara.

Por eso, cuando una versión comienza a circular con insistencia en distintos espacios —redes sociales, corrillos políticos o sobremesas periodísticas—, inevitablemente surge la vieja sentencia popular: cuando el río suena, es porque agua lleva.

En días recientes comenzó a correr una versión incómoda para el oficialismo. Se dice que el expresidente Andrés Manuel López Obrador habría sido internado en el Hospital General Militar debido a un problema cardiaco.

Otros niegan categóricamente esa posibilidad. La información oficial, mientras tanto, permanece en una zona gris.

Ante los cuestionamientos, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró que no tiene conocimiento de tal situación.

Una respuesta que, más que disipar la duda, la alimenta. Porque durante años el discurso del poder sostuvo que el presidente de la República lo sabe todo: desde los grandes movimientos del Estado hasta los más pequeños detalles —y, en ocasiones, los más turbios— de la administración pública.

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LENGUA VIPERINA

Desde el máximo poder político del país se insiste, todos los días y sin sonrojarse, en que todo marcha bien. Que no hay crisis, que no hay polarización, que vivimos en una especie de paraíso democrático donde la justicia florece, la economía avanza y la seguridad se fortalece.

Pero basta con salir a la calle para comprobar que ese discurso es una ficción cuidadosamente ensayada.

La mayoría de los mexicanos no vive en el país de las cifras maquilladas ni en el de las conferencias triunfalistas. Vive en el país del miedo, del desempleo y de la incertidumbre.

Vive en el México donde cerrar temprano el negocio es una medida de protección, donde cambiar de ruta es un acto de supervivencia y donde denunciar es casi un suicidio.

¿Quién, en su sano juicio, puede afirmar que la inseguridad ha disminuido?

¿Quién puede mirar a los ojos a una madre buscadora y decirle que “vamos bien”?

¿Quién puede asegurarle a un comerciante extorsionado, a un médico amenazado o a un transportista asaltado que la estrategia funciona?

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LOCOS DE ATAR

En México ya no sabemos si estamos viendo el Canal del Congreso… o un casting permanente para reality show. La política nacional, esa que debería ser el arte de gobernar con sensatez, se ha convertido en una pasarela de egos desbordados y micrófonos encendidos.

Ahí está Sergio Mayer, diputado plurinominal que pidió licencia para entrar a La Casa de los Famosos. No es una metáfora: dejó su curul para encerrarse ante cámaras. Anunció que hará “un infierno” dentro de la casa. La frase, sin querer, retrata mejor su tránsito por la vida pública que cualquier discurso legislativo. Su oficio real es el espectáculo; el servicio público le queda como vestuario prestado.

Cuando el Congreso se convierte en trampolín mediático, la representación popular se diluye en rating.

Pero Mayer no está solo en este teatro político. Gerardo Fernández Noroña, hoy investido con responsabilidades legislativas de alto perfil, continúa protagonizando escándalos que lo colocan más en la polémica que en la construcción de acuerdos. Su estilo confrontativo puede entusiasmar a la grada, pero erosiona la institucionalidad. En política, el volumen no sustituye la razón.

En Campeche, Layda Sansores ha elevado el pleito a categoría de gobierno. Conferencias convertidas en tribunales mediáticos, filtraciones como arma política y un tono de permanente confrontación. Gobernar no es ajustar cuentas en horario estelar; es administrar con prudencia. El poder no es micrófono abierto para desahogos personales.

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LOS APESTADOS  

En política, el olor del pasado no se disipa con sermones nuevos. Se queda impregnado en los pasillos, en los acuerdos, en los silencios incómodos.

Y en el México de hoy, ese aroma rancio tiene nombre propio: herencias malditas del obradorismo que sobreviven en la era Sheinbaum.

Ahí están, visibles, arrogantes, intocables: Adán Augusto López, Alejandro Gertz, Ricardo Monreal, Rubén Rocha, Alfredo Ramírez, Marina del Pilar, Américo Villarreal, Layda Sansores, Mario Delgado y Francisco Garduño, por citar algunos.

Son los “apestados” de Morena. Son los incrustados en la estructura del poder que ya no representan futuro, sino lastre.

Figuras que no responden a un proyecto renovado, sino a una obediencia heredada, a una fidelidad que no mira hacia Palacio Nacional, sino hacia Palenque.

No son un simple grupo de funcionarios. Son un símbolo.

Representan la incapacidad del nuevo gobierno para romper, de fondo, con el viejo régimen que prometió combatir.

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