Inflación alimentaria: la pobreza que no se mide
En el marco del 60 aniversario de la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana (UV), que se llevará a cabo esta semana, del 20 al 24 de abril, el debate económico no puede quedarse en la superficie. Hoy, más que nunca, es indispensable cuestionar la forma en que se mide la inflación en México, porque de ello depende —ni más ni menos— la comprensión real de la pobreza. La narrativa oficial insiste en destacar la desaceleración de la inflación. Pero esa afirmación, aunque técnicamente correcta en términos de inflación subyacente, es profundamente engañosa cuando se contrasta con la realidad cotidiana de millones de familias mexicanas. De acuerdo con cifras del INEGI y el Banco de México, en los últimos 12 meses se observa un comportamiento claramente diferenciado:
• Inflación general anual (2025–inicios de 2026): entre 4.4% y 4.8%
• Inflación subyacente: con tendencia a la baja, ubicándose alrededor de 4.0%
• Inflación no subyacente: con episodios de alta volatilidad, pero con picos que han alcanzado 6% a 8% anual, particularmente en alimentos y energéticos
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