«Humildad, sencillez y alabanza»: 60 años del Camino Neocatecumenal
El Concilio Vaticano II (1962-1965) es, sin duda, uno de los acontecimientos más decisivos para la Iglesia católica del siglo XX. En medio de un mundo fracturado por la Guerra Fría, marcado por el avance tecnológico y la polarización ideológica, la asamblea conciliar —convocada por san Juan XXIII y clausurada por san Pablo VI— impulsó una profunda renovación eclesial. Participaron 2.450 obispos de todo el orbe. Por la arquidiócesis de Xalapa asistieron los arzobispos Manuel Pío López Estrada y Emilio Abascal y Salmerón, ambos padres conciliares.
De aquel impulso renovador brotaron muchos frutos. Uno de los más singulares fue el nacimiento, en las chabolas de Palomeras Altas (Madrid), de una experiencia de Iglesia encarnada entre los pobres, impulsada por dos jóvenes laicos españoles: Kiko Argüello (1939) y Carmen Hernández Barrera (1930-2016). Lo que comenzó como un gesto de radicalidad evangélica se convertiría con el tiempo en el Camino Neocatecumenal, que este año celebra sus 60 años de existencia.
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