Un autobús para la prensa…

Pocas profesiones, en verdad, son tan incomprendidas como el periodismo. La imagen del destripado cuya carrera frustrada en cualquier otro campo no halló alivio sino en los rincones oscuros de “sórdidas crónicas policiales”, como decía Borges, aun sigue en nuestros tiempos a pesar de la proliferación de las muchas escuelas profesionales y la imagen un tanto distorsionada de muchos famosos de la TV.

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La mezcla, la mescolanza y el champurrado

Dejemos ahora por la paz la supuesta defunción de un laicismo inexistente en la realidad política mexicana, tan ignorado en los tiempos recientes. No olvidemos —como simple ejemplo— al vivales evangélico Farrera en el discurso de Tijuana, cuando nos íbamos a poner firmes contra las amenazas de Trump y terminamos con el cutis en bandeja. Eso puede ser para otra ocasión.

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Lecciones, reelecciones, ampliaciones

Quizá uno de los más notables distintivos de algunos epígonos de la política sea la escasez del decoro; la ausencia de la urbanidad, la falta de prudencia; la grosera exhibición cotidiana y altanera de una buena condición cívica, la grosería, la obscenidad cuyo grito ufano es meterla doblada, compañeros, o el regocijo por una muerte colectiva como un castigo divino, como si en la rupestre condición del vengador divino

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El fanatismo y los analfabetos funcionales

Dos hechos, sin conexión aparente entre ellos, nos visitaron la semana anterior.El primero fue el remate de una larga protesta sindical de la parte más montuna, radical y silvestre del deficiente sistema educativo nacional, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación; y la otra, el arrebato de insólita definición justiciera de un burócrata de la Cultura (¡Ay, Dios!, cuántos crímenes se cometen en su nombre), el muy panfletario señor Pedro Salmerón,

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