Veracruz: campo minado

Los veracruzanos enfrentan en carne propia el campo minado que sembró Cuitláhuac García. Batió récord con los delitos de alto impacto social. Más que una burla es una brutal infamia el discurso oficial de que los ‘morenistas’ no son como sus antecesores o los neoliberales.

Más que los ‘otros’, los morenistas agravian a la sociedad civil con sus discursos demagógicos, huecos y sombríos que han ido destapando la caja de Pandora del intríngulis político del gobierno de Veracruz.

La corrupción y opacidad no solo es la génesis de los cuerpos policiacos, donde la propia gobernadora admite el cese de más de 200 policías por actos de corrupción, si no en la mayoría de las dependencias de la administración pública, que avaló la titular del ORFIS, Delia González Cobos con singular cinismo.

La inseguridad público que provoca el crimen organizado con los 14 cárteles de la droga en la geografía veracruzana, continúa y seguirá siendo el talón de Aquiles del gobierno de la señora Claudia Sheinbaum y de Veracruz con doña Rocío Nahle.

Se demostró con hechos, estadísticas y de las principales agencias de seguridad internacionales y de EU que la estrategia anticrimen del sexenio de talibán de Macuspana fue un auténtico fracaso y con evidentes ligas de complicidad aviesa. Una fiesta para la mafia de los cárteles de la droga.

Veracruz y el país viven un surrealismo político peor al que heredó del viejo PRI. Bastaron seis años del defenestrado gobierno de Morena con Cuitláhuac García para demostrar que la entidad cayó en un retroceso al igual que el resto del país por más de tres décadas.

Los problemas de alto impacto social se agravaron con el plus de la ineficiencia, el oportunismo, la improvisación, el cuatachismo, el amiguismo y el trapecismo del poder público.

Se gobierna con el hígado. El cambio que promueven los programas sociales de la cuatroté son cosméticos, por encimita, clientelar y violando recurrentemente la ley electoral y la Constitución política local, ante la complacencia e indiferencia del OPLE local.

Veracruz es un campo minado. Los periodistas críticos y medios de comunicación impresos, televisivos y digitales independientes son considerados en los entresijos del poder público como adversarios. El naciente régimen de la cuatroté busca acabar a los mensajeros críticos sin conceder una gota de publicidad para que cierren sus cortinas.

Los periodistas y medios de comunicación no son instituciones de beneficia pública. La radio, la TV, la prensa escrita y los medios digitales viven de la publicidad. Están equivocados si pensaban que los medios de comunicación están en la antesala de su sepultura. Hay otros sectores que pagan gustosamente su publicidad.

La ley en Veracruz se aplica para los adversarios, enemigos y críticos independientes. Para los amigos, cortesanos y sumisos la ley es letra muerta, no hay estado de derecho; se gobierna con utoritarismo, con leyes espejo de una autocracia.

La autocracia convive con la cleptocracia, el ejemplo vivo es Morena. Veracruz forma parte del ‘país bananero’ que los críticos, intelectuales y artistas nos comparen como los más retrogradas del mundo en el índice de corrupción e inseguridad pública.

Hasta ahora ha sido recurrente en Veracruz la hidra de la narcoviolencia, los conflictos laborales de la SEV, la crisis hídrica, el desvío de fondos y el desfalco que dejó exgóber a Cuitláhuac García, las cuentas públicas sin aclarar de la mayoría de los 212 alcaldes y la falta de recursos públicos de la Sefiplan, por citar algunos.

Según críticos y expertos en seguridad, en Veracruz se siguen disparado los delitos de alto impacto social como secuestros, extorsiones, cobro de piso, emboscadas, ajustes de cuentas y plagios a policías. La corrupción de los altos mandos y medios policiacos está a la orden del día.

En este epílogo hay una sombra que Veracruz no se puede quitar. Hay adeudos por pagar a proveedores que heredó el gobierno priista de Javier Duarte. Cuitláhuac García desapareció olímpicamente la partida oficial para pagar a los proveedores que enfrentan las de Caín. Son adeudos legales. Pero la narrativa ha estado en la opacidad de la señora gobernadora.

García Jiménez, el bailarín ‘honrado’ elevó la histórica deuda pública de Veracruz con rezagos de pagos en la SEV, al SAT, el ISSTE y el IPE con el desvío de fondos de sus colaboradores que el encubrió el ORFIS, su tapadera.

Los retrasos que se han registrado en los pagos de la SEV se deben a que el gobierno no tiene suficiente dinero. Y esto quiere decir que no hay dinero para reparar las intransitables carreteras del Estado que están erosionadas por la falta de mantenimiento, materiales de mala calidad, obras coronados por la corrupción, igual que los centros hospitalarios del Estado.

El boom turístico para Veracruz va en picada. Mientras la Federación suda y suda los recursos federales de los estados. ¡Bendita autonomía y soberanía de Veracruz! Una cosa es la campaña política y otra es ser gobernador. ¿O no es así? Sólo en la tierra de los ciegos, el tuerto es rey.

gau41@hotmail.com

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