El nuevo amanecer y propósitos del Nuevo Año 2023

Es hora de renovarse ahora o nunca en el balance del año que se va y el que entra. La pandemia, los muertos, la postpandemia, la crisis de inseguridad, el desempleo, la inflación y la demagogia, dejan un hito en la historia de Veracruz y el país. Los males endémicos no deben inhibirnos o arredrarnos por graves que sean las amenazas. La sociedad civil con entereza se sobrepuso de la mortal pandemia que asoló a la humanidad. Es hora, con la llegada del Año Nuevo 2023, de remontar el vuelo como las águilas, de buscar nuevos horizontes. El país, en comparación con otros países del mundo, se vio acorralado por la pandemia del siglo y la endemia de un nuevo régimen partidista que se siente intocable, presuncioso de estar vacunados contra la corrupción, del nepotismo y de los vicios cancerosos de sus antecesores -todo una pueril mentira-y acríticos. Son candil de la calle y oscuridad de su casa. Los votantes, la sociedad civil, tras el ungimiento del presidente de la Republica AMLO, de pronto, se vio sometida a los caprichos y voluntad del político tabasqueño, que en menos de un año de su gobierno le salió su avieso autoritarismo. Violando recurrentemente la Carta Magna y las reglas electorales del INE, el tlatoani mantiene al país dividido, enconado, acusando a los opositores de todos los males que aquejan a los mexicanos. En lugar de mantener su imparcialidad y transparencia, se erige en jefe de una facción partidista.

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El viacrucis de la pensión bienestar

La pensión bienestar, un programa social clientelar, creado para apoyar a los Adultos Mayores de 65 Años y Más en el régimen de EPN, tiene sus claroscuros. Más oscuros que claros. En lugar de agilizar y desterrar los odiosos círculos burocráticos, el gobierno de Obrador —el mitómano imperial— creó otro perverso ‘elefante reumático’ para la cobranza de la pensión bienestar. Bajo las inclemencias del tiempo —ola de calor o lluvias—, los pensionistas tienen que formar una larga ‘cola’ en una solitaria ventanilla o un cajero para cobrar la pensión que el filósofo tabasqueño mejoró. Al principio del sexenio de la cuatroté los recursos federales, aprobados por el Congreso de la Unión, se dispersaban en los bancos comerciales de Banorte, Banco Azteca y Banco Bienestar —éste último creado por el gobierno federal—, y se podían cobrar en cualquier banco, pagando una comisión por retiro en efectivo. Hombres y mujeres, de todos los estratos sociales, religiosamente, cada principio de bimestre, que profesan la fe del soldado de dios, ortodoxos, evangelistas, agnósticos y ateos, acuden a retirar la pensión oficial.Pero por disposición del talibán del Palacio Nacional, a partir del bimestre de septiembre-octubre de 2022, los pensionistas ya no tendrán la facilidad, la flexibilidad, la oportunidad de hacer el retiro en los bancos que Obrador dispuso o, en la banca privada que aplicaba el cobro de una comisión por retiro en efectivo.

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Winckler: ¿Por quién doblan las campanas?

Conociendo lo irascible que es Miguel Ángel Yunes Linares, exgobernador panista de Veracruz (bienio 2016/2018), debe andar como diablo enjaulado por la aprehensión de su abogado personal y brazo derecho, Jorge Winckler Ortiz. La detención del exfiscal general en las paradisiacas playas de Puerto Escondido, fue un golpe al hígado del político expriista —partido donde forjó su carrera política y sus crecientes bonos económicos que lo catapultaron a la oposición con el PAN—, pero con sus bastos contactos con la ‘mafia’, como lo define Obrador, se supone en teoría, irá al rescate del amigo caído. En entorno de su séquito de incondicionales y de su propia familia, no deja de preocupar que tras la captura de Winckler, en el siguiente paso del gobierno de Obrador la FGR vaya por el propio Miguel Ángel Yunes Linares y sus vástagos, acusados por una estela de corrupción, de abusos de poder, desviación de dinero público, enriquecimiento inexplicable e incumplimiento de un deber legal. Miguel Ángel es un viejo zorro del intríngulis de la política que aprendió de aquella controvertida debacle electoral cuando perdió más de la mitad de los 207 municipios, siendo el dirigente estatal del PRI y en antesala para suceder al entonces gobernador Patricio Chirinos Calero (1992/ 98). Aprendió de la amarga derrota, desnudó a quienes conjuraron contra él, pero vivió siempre de la amargura, del rencor, del odio y sembró la ola del terror y la zozobra contra sus enemigos, sus opositores. Nunca perdonó, vamos ni a su propia familia —verbigracia su primo hermano Héctor Yunes Landa—. Se convirtió en el ariete del PAN para destruir a sus adversarios del PRI, del PRD y de quienes le estorbaban en su camino para conquistar su meta, al precio que fuese.

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Obrador vs la prensa: distopía

La sociedad civil contemporánea no había sido vilipendiada y humillada por un presidente de la República, como ahora lo hace el que encabeza el actual régimen de la cuatroté. Lo más increíble es que no admite que se le cuestione a él, a sus leales y grises colaboradores o a los miembros de la familia presidencial. Actúa y se siente infalible, como si fuera un inmortal del paraíso griego de Zeus. Su régimen y su familia consanguínea, son puristas, a pesar de la lluvia de denuncias, videos y testimonios por actos de corrupción. El discurso de que ya se acabó la “corrupción” no es más que un señuelo para congraciarse con sus votantes. AMLO, con orígenes españoles por su abuelo José Obrador, nacido en Ampuero, se ha ido develando su auténtica personalidad para actuar con distopía -un mundo donde las contradicciones de los discursos ideológicos son llevadas a sus consecuencias más extremas, según describe Fabián Coelho-. Se ha obnubilado por el poder y su perversidad no tiene límites. Es acrítico cuando se le señalan sus errores y los horrores de sus colaboradores por los mantos de impunidad e inmunidad para pisotear las leyes. Un talibán o fundamentalista se quedó chiquito a su lado. Deshonra la Presidencia y al país con su actuación rijosa y persecutoria.

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Con los mejores augurios Feliz Año Nuevo 2022

Se cierra un ciclo y nace otro. Recibamos con júbilo y alegría el nuevo devenir del Año Nuevo 2022. Dejemos atrás todo lo negativo que nos deja el 2021. Pero también demos las gracias por los saldos positivos, contados si se quiere, que nos deja el ciclo del Año Viejo. Desde nuestras diferentes trincheras combatamos las pandemias. No claudiquemos ante el virus del siglo. Blindemos a la familia de los contagios masivos. Tampoco cedamos a las otras pandemias: la inseguridad pública, la impunidad, la corrupción y el torcido estado de derecho que asola a Veracruz. Al margen de la fobias y filias del gobierno de la cuatroté, debe unirnos la solidaridad, la unidad y el apoyo a los desvalidos, a los menesterosos, a los marginados, proletariados y oprimidos. Son víctimas del escarnio oficial. Es hora de que salgamos del letargo de los discursos populistas, que solo ofrecen utopías y panaceas que no resuelven de fondo la pérdida del poder adquisitivo de las clases populares.

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Duarte-Yunes: tres años de impunidad

En la primera semana de julio Cuitláhuac García Jiménez cumplió tres años de haber expulsado a los megalómanos del PAN del Palacio de Gobierno. Sólo estuvieron dos años en la minigubernatura pero, cómo hicieron daño con la corrupción e inseguridad pública. El novel e imberbe catedrático con licencia de la Facultad de Ingeniería Mecánica Eléctrica de la UV prometió el oro y el moro con la conquista de la gubernatura de Veracruz, pero una vez sentado en la silla real se olvidó de las promesas, compromisos y ofrecimientos que hizo a los veracruzanos. En tres años creció la impunidad, la tolerancia, el nepotismo, los dobleces, el jineteo de los dineros públicos y la cerrazón con la sociedad civil y una parte de los partidos de oposición. El diálogo sí, pero sólo con la “burbuja del poder”. Cada día que pasa de su mediocre sexenio se hace patente la frase “perdón y olvido” -el que pidió AMLO a los colectivos de personas desaparecidas para el crimen organizado-, porque la justicia no ha tocado ni con el pétalo de una rosa a su antecesor Miguel Ángel Yunes Linares, quien dejó también un cochinero en el gobierno de Veracruz.

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Veracruz, el infierno electoral

La crisis del estado de derecho en Veracruz es grave ante la complacencia de la Secretaría de Gobernación y pasividad del profeta imperial de Palacio Nacional. Veracruz tiene rato que está en llamas, como una estampa Rulfiana —El llano en Llamas, de Juan Rulfo, publicado el 1 de septiembre de 1953—, la injusticia social, la corrupción, el nepotismo, el cuatachismo y el tráfico de influencias son el pan de cada día de la maltrecha sociedad civil. Arrepentidos, sí, por haber votado por el cambio partidista en Veracruz y el país; el cambio fue y ha sido para la avaricia y desdoro de la “nueva clase política” de Morena, el partido gobernante, en contra de los ‘caídos’ y de los ciudadanos de a pie. Veracruz estaba y está herido de la hidra de corrupción y de la partidización del estado de derecho que heredaron los gobiernos priistas de Miguel Alemán Velasco, Fidel Herrera Beltrán, Javier Duarte y del panista Miguel Ángel Yunes Linares —La justicia denegada, del investigador Alberto J. Olvera, publicado en agosto de 2018—, el cambio agudizó el intríngulis político.

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El fracaso y el surrealismo de la pandemia

No cabe duda. México continúa siendo un país surrealista. Desde el principio del brote de la pandemia se vio la perversidad de los estrategas del esquema sanitario y la minimización contra viento y marea de los daños colaterales que ha causado el mortal virus. El gobierno de AMLO se equivocó desde el inicio de la enfermedad del siglo. Tozudo y obcecado se burló de los expertos, tanto de quienes fueron titulares de la Secretaría de Salud en diferentes sexenios, como de virólogos y epidemiólogos del sector privado que, por su experiencia, podían aportar luz en el difícil camino del túnel de la crisis de la pandemia. Obrador y su testaferro, el zar del Covid-19, Hugo López-Gatell, mandaron al diablo a los voluntarios que hicieron entrega de un amplio estudio para reducir el número de víctimas y contagios por la mortal patología, que a la fecha rebasa más de 2 millones 286 mil contagios y 210 mil muertes. Pero no sólo mandó a los expertos del sector salud a los terrenos profanos de los siete príncipes del infierno, sino que desestimó sus aportaciones para frenar los avances del coronavirus, enviándolos su egocentrismo al centro de la invisibilidad y del ostracismo.

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Ricardo Ahued: doblegado por el canto de las sirenas

El canto de las sirenas acabó doblegando el espíritu indomable, soberano e independiente del afable senador por Morena, Ricardo Ahued Bardahuil, para dejar inconcluso su escaño e ir en pos de la alcaldía de Xalapa, actualmente en poder de Morena con Hipólito Herrero Rodríguez. Es efectivamente, por donde quiera que se le vea, el mejor prospecto y el mejor posicionado en las preferencias del electorado, del reducido abanico de personeros de Morena, para retener la Presidencia Municipal por Xalapa en la capital del Estado. Este proceso federal y local que se junta en las aguas del océano electoral para atestiguar la gran batahola partidista intermedia de 2021, hay que decirlo con franqueza, los bonos de la dirigencia estatal de Morena no pasan por el mejor momento de su corta, cortísima historia como partido político. Su éxito o fracaso pende de un hilo, la unificación de sus tribus, del encono, confrontación o de escenarios sombríos como la noche de los ‘Cuchillos largos’, o en el mejor de los casos, recapitulando la torva maquinación romana de los ídus de marzo. No es, por supuesto, una exageración.

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Cazarín: La emboscada

No tienen escrúpulos los líderes de la bancada de Morena de la LXV Legislatura local con los correligionarios que le han hecho sombra al gris y mediocre titular del Poder Ejecutivo. Las emboscadas tienen rastro y autoría. En 25 meses, la fracción mayoritaria del cuerpo legislativo, bajo la mano del anodino líder Juan Javier Gómez Cazarín, ha llevado al Poder Legislativo a una de las peores crisis de credibilidad, escepticismo, sumisión y corrupción. El saqueo de los dineros públicos de la LXV Legislatura local, en diferentes rubros, no tiene límites de la élite incondicional que encabeza Cazarín, que en algunos casos irán a parar a campañas electorales de sus candidatos privilegiados y, en otros, a su abultado peculio personal. Los bucaneros o filibusteros de Morena desde que arribaron al poder público no se han caracterizado por su mediana honradez juarista, implacable rectitud, humildad y deontología. Son la antítesis de buenos deseos quiméricos del lema obradorista de “no mentir, no robar y no traicionar (sic)”.

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