El narcotráfico no es terrorismo

A la memoria de Pedro Sánchez Arrieta,
compañero diputado de la LIII Legislatura federal
A raíz del anuncio del gobierno de Donald Trump sobre su
intención de clasificar como terroristas a los cárteles mexicanos del
narcotráfico se ha abierto un intenso debate sobre las implicaciones políticas,
diplomáticas, económicas, y por supuesto, de seguridad que esto conlleva.
El primer aspecto que es importante aclarar es que el
narcotráfico y el terrorismo no son lo mismo. Se trata de dos fenómenos
distintos tanto en su origen como en sus objetivos, por lo que no pueden
equipararse como lo intenta Trump. Por ejemplo, no comparten un origen ideológico
religioso –como sucede con Al-Qaeda o el Estado Islámico-, y tampoco coinciden
en el mismo objetivo: los cárteles desean controlar territorios para ampliar su
mercado pero no intentan derrocar al poder.
A pesar de que muchos especialistas en relaciones
internacionales y política exterior siguen sugiriendo que sólo se trata de
bravatas al calor del inicio del proceso electoral en Estados Unidos, lo cierto
es que son muy preocupantes las implicaciones de que el Presidente de EEUU
clasifique los cárteles mexicanos como grupos terroristas.
Si fuera el caso y el mandatario cumpliera su advertencia, la
economía se vería seriamente afectada. Esta decisión impediría a México recibir
préstamos de organismos internacionales, algo que ya aprobó Morena para el próximo
año.
Entonces, ¿quién querría venir a invertir a México, un país
estigmatizado por la violencia, donde Estados Unidos impondría un cerco
económico? Además, ¿qué pasará con quienes hacen negocios sin saber que detrás
de sus socios podría haber dinero del narcotráfico, y en consecuencia, serían
perseguidos por las autoridades de nuestro vecino del norte? El golpe económico
sería brutal.
En materia de seguridad también podría haber algunos cambios
importantes. La Ley Pública 104-132 otorga facultades al gobierno de los
Estados Unidos para intervenir militarmente cualquier país que “crean una
amenaza para su seguridad nacional”. No es que vayamos a ver las calles de
México llenas de marines, pero la propia ley implica en sí misma un acto
inaceptable de intervencionismo.
En nuestra relación con los Estados Unidos, los tiempos del
intervencionismo han quedado atrás; hoy nuestro vínculo descansa en la
colaboración, la cooperación internacional y el acuerdo. Así debemos continuar
en beneficio de ambos países. La historia nos ha mostrado, una y otra vez, que
el intervencionismo puede ser una opción, pero no es la solución de ningún
conflicto.
La semana pasada, en la Cámara de Diputados, la Junta de
Coordinación Política acordó impulsar un diálogo de alto nivel entre los
poderes legislativos y ejecutivo de ambos países, con el propósito de atender
una nueva y propositiva agenda binacional. Lo haremos bajo la rectoría de
nuestros principios de política exterior que aluden a la no intervención, la
autodeterminación y la solución pacífica de los conflictos. Hoy más que nunca
necesitamos de la cooperación y no el uso de la fuerza.
Tenemos que ponerle una doble chapa al tráfico ilegal de
armas y de drogas; tampoco será tirando la puerta a patadas, con la amenaza de una
intervención militar, como encontraremos una solución conjunta a la situación
que se vive en ambos países.
La intención de Donald Trump de designar a los cárteles
mexicanos como grupos terroristas no puede pasar por encima del derecho
internacional, ni lastimar la buena vecindad entre nuestros pueblos. La
solución militar tampoco puede ser una alternativa cuando no se trata solamente
de tráfico de armas y drogas, sino también de un problema de salud y seguridad
pública. Insisto, el narcotráfico no es terrorismo.
La acción militar no es opción. No lo será en el futuro. No
permitiremos que ninguna nación intervenga en asuntos que competen únicamente
al Estado mexicano y a sus ciudadanos. No es con el chantaje y la amenaza que
se deben resolver los problemas propios de la vecindad entre México y Estados
Unidos.
Epílogo
El gobierno de la Transformación de Cuarta cumplió ayer un
año. “Horror” es la palabra que describiría este periodo en el que se juntaron
todas las plagas imaginables: violencia e inseguridad histórica, recesión
económica, desempleo, desmantelamiento de instituciones democráticas, aumento
de la pobreza por la desaparición de programas sociales, desabasto de medicinas
y servicios médicos, censura y ataque a los medios de comunicación… todo como
consecuencia del regreso a un presidencialismo imperial que no admite
contrapesos.
*Candidato perdedor
del PRI a la gubernatura de Veracruz en las elecciones de 2016 y del proceso
interno del tricolor en 2018 por el efecto ‘Meade’.
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