¡Es la sobrerrepresentación!
Últimamente se ha hablado en demasía sobre las hipotéticas reformas a la constitución que el gobierno saliente junto con su apéndice, la ganadora de las elecciones, podrían llevar a cabo en septiembre. Se comenta mucho sobre la reforma al poder judicial, si conviene o si, por el contrario, no resuelve el problema fundamental en el sistema de impartición de justicia o si es una vil venganza del porro que está por salir del palacio. Todo ello resulta sumamente interesante y a la vez es una discusión totalmente estéril, ya que, si logra las mayorías calificadas el oficialismo va a hacer su santa voluntad y no va a atender recomendación alguna, ya que está demostradísimo que, si López es cerrado e intolerante Sheinbaum lo es aún más. Por ello es que los parlamentos abiertos y foros que han convocado sobre ese tema resultan ser una farsa y, peor aún, un distractor sobre lo que la opinión pública debiera de estar vigilando. Y es que ninguna de esas reformas se va a llevar a cabo si los partidos que conforman la bancada oficialista en ambas cámaras del Congreso de la Unión reúnen las dos terceras partes de cada una.
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