Y al final, es Xóchitl
Antes que nada, les comento que esta columna tomó un imprevisto, pero necesario descanso veraniego y por esa razón no se publicó la semana pasada, por lo se ofrece una disculpa a los lectores por no haber realizado el aviso que es usual en este espacio cuando se programa un receso. Una vez aclarado lo anterior, entremos en materia. Como ya es de todos sabido, el Frente Amplio por México culminó su proceso para elegir a su futura candidata a la presidencia de la república y como también es por todos sabido, sucedió lo que desde el principio se sabía, tal designación se llevó a cabo por aclamación en favor de Xóchitl Gálvez. Pragmáticamente muchos pensamos que semejante proceso era innecesario debido a que la popularidad de Xóchitl creció como la espuma, apabullando a la de los principales y añejos contendientes (no me refiero a su edad, sino al tiempo que llevaban promocionándose como aspirantes presidenciales) y aún más por lo barroco, e incluso fantasioso, de algunas de sus reglas.
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