Tan lejos de Dios…
Históricamente no ha sido nada fácil la relación bilateral entre México y su poderoso vecino del norte. Con profundos altibajos, hemos logrado sobrevivir a los frecuentes soliloquios presidenciales en ambos países (los actuales, por ejemplo), que con frecuencia hacen recordar la frase palaciega y totalitaria atribuida al rey de Francia y Navarra, Luis XIV (1638-1715): l’état c’est moi (el Estado soy yo), o bien el fatalismo del dicho popular: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Compartimos con nuestros vecinos del norte 3 mil 185 kilómetros de frontera, larga franja limítrofe que en amplios tramos posee hoy identidad política, social, económica e inclusive cultural. Pero al sur de la línea fronteriza pululan las profundas diferencias de desarrollo entre los dos países. Veamos el nuestro.
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