-Teuchitlán iv
El horror de lo visto en Teuchitlán, Jalisco gracias al descubrimiento de colectivos de la sociedad civil a parte de preocuparnos como país, nos debe de llevar a reflexionar sobre cómo fue que llegamos a este nivel de barbarie y qué medidas se podrían tomar para que no vuelva a haber eventos tan macabros en México.
Primero que nada, debemos de admitir que México siempre ha sido un país en el que la crueldad es algo habitual desde tiempos muy remotos, tan es así que las civilizaciones precolombinas, principalmente las mesoamericanas, se destacaron por tener una cosmovisión basada en el terror – basta con ver las representaciones de sus deidades – y unos métodos muy crueles para agradar a sus divinidades; en pocas palabras, el derramamiento de sangre y el asesinato eran bien vistos.
A lo anterior debemos de sumar la llegada del cristianismo, el cual entre sus múltiples facetas tiene una – con la que no concuerdo – que consiste en exaltar y describir a detalle el martirio tanto de Cristo como de muchos santos, lo cual también ha contribuido para la normalización popular de la crueldad; como comentario aparte les platico que desde que salió hasta la fecha me he rehusado a ver el filme “La Pasión”.
Así tenemos que, ni la época virreinal (es un error de lenguaje llamar como “colonial” a algo que no fue una “colonia”) ni tampoco la época independiente lograron hacer grandes cambios en esa crueldad, más bien la toleraron y hasta la cultivaron mediante la instalación de una pesada burocracia, una impartición de justicia bastante ineficiente y una corrupción generalizada que ha hecho que las autoridades se hagan de la vista gorda frente a las atrocidades cometidas por el llamado “Pueblo Bueno” o “México Profundo”.
