Doblado por los militares
Junto con el desmantelamiento de instituciones públicas funcionales y la embestida contra la democracia y la división de poderes, el sometimiento del poder civil al militar será el peor de los legados que dejará el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Contra su fachada de gobierno supuestamente “progresista”, “humanista” y de “izquierda democrática”, el régimen de la autoproclamada “cuarta transformación” es, en los hechos, militarista como pocos que se recuerden en la historia reciente del país. Y quizás, hasta de la más antigua. Los militares han concentrado todo el poder los últimos cinco años. Son ellos quienes controlan los puertos y las aduanas –donde están los negocios de a de veras en este país-, construyen y administran las obras “insignia” del obradorato, y se han llenado las alforjas con las ganancias que todo lo anterior implica. Son hoy más que nunca una élite dorada y, sobre todo, blindada contra cualquier clase de rendición de cuentas. Su labor primordial, la de defender la soberanía nacional, ha sido puesta en un predicamento. Por un lado, se han formalizado sus tareas de índole policiaca, lo que, si nos atenemos a las cifras –cerca de 170 mil homicidios dolosos en lo que va del sexenio y una violencia desbordada en buena parte del territorio nacional-, nada ha resuelto en México. Y por el otro, una parte de sus efectivos ha sido utilizada para servir a intereses extranjeros, en este caso los de Estados Unidos, para contener y perseguir migrantes desde la frontera sur de nuestro país. Denigrante por donde se le quiera ver.
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