Solo aire

Desde a Janela

“Ya solo restan seis meses y nueve días para que se vaya a … su rancho”

La novedad de esta tercera semana de la campaña federal ha sido que, al parecer, el gobierno y su partido han lanzado la que consideran que es la ofensiva final.

Sí, el gobierno de la transformación ha alineado a los dueños de muchos medios de comunicación con la consigna de difundir que la elección presidencial está ya definida en favor de su poco lúcida y aún menos carismática candidata y que los dos meses que restan de campaña (con tres debates incluidos) ya son mero trámite debido a que los resultados no van a cambiar.

Y esa sensación que tratan de vender a la ciudadanía tendría razón de ser si organizaran una campaña mediática en la que se demostrara que se ha logrado pacificar el país completo, que los estados desarrollan su vida democrática sin sobresaltos mayores a un crimencillo pasional de esos que se dan de vez en cuando, que el índice de mortalidad en México dejó de ser mayor al de zonas de conflicto como Ucrania o que ya se recupera la paridad numérica entre varones y mujeres, porque los primeros han dejado de morir o de desaparecer a raudales merced a las luchas de las mafias criminales.

También sería creíble si nos presumieran que los institutos de seguridad social existentes no solo recuperaron su brillo de antaño, sino que han alcanzado niveles similares a los que tienen los países con un mayor estado de bienestar, como la tan cacareada Dinamarca; es decir, que ya no faltan ni especialistas ni insumos y que además han sido complementados con la famosa y anhelada tercera institución que siempre nos ha faltado y que el Seguro Popular comenzaba a realizar sus funciones; sí, esa institución de seguridad social que cubra a quienes no tienen derecho a las otras dos existentes. O mejor aún, se fusionaron las tres creando un esquema de salvaguarda universal de la salud que no solo ha contenido la dramática caída de diez años en la esperanza de vida de los mexicanos, sino que va en camino de aumentarla otros diez años a los que habían logrado los “corruptos gobiernos neoliberales”.

De igual manera, la campaña presidencial sería un mero trámite si nos presumieran que la pandemia le hizo poco más que cosquillas al sistema educativo nacional, debido a que el tiempo perdido se recuperó de manera inmediata gracias a las excelentes escuelas de tiempo completo que se crearon durante la transformación y que, además son atendidas por los mejores educadores que se pueden encontrar en el mercado nacional debido a que son sometidos a rigurosos exámenes de oposición para ingresar y permanecer en la educación pública y como cereza a este maravilloso pastel, los contenidos educativos han sido minuciosamente adecuados para lenguas, matemáticas, mucha ciencia y mucho más tecnología para garantizar que las próximas generaciones de mexicanos ya no aspiren a ser obreros o burócratas de sindicato, sino que sean emprendedores, inventores y/o desarrolladores que puedan competir de tú a tú con los de las naciones más desarrolladas del planeta; para lo cual la transformación está multiplicando de una manera asombrosa las becas gubernamentales para que los jóvenes puedan estudiar en el extranjero y no tengan que ser la hija de Claudia Sheinbaum para lograrlo.

Si fuera anunciado y demostrado lo mencionado, la campaña presidencial prácticamente no tendría más objeto que cumplir con el requisito constitucional de realizar elecciones periódicas cada seis años, y seguramente esta columna estaría tratando las glorias de César, la guerra de Ucrania, el cambio climático o sugeriría hacer una feria del chile jalapeño en Jalapa, como alguna vez lo hicimos.

Pero, resulta que la campaña mediática en lugar de basarse en verdadero progreso (como el que mencionamos y como el que Xóchitl promueve), se basa en una supuesta ventaja de 20 puntos porcentuales en una especie de encuesta maestra que están predicando a los cuatro vientos y que, como buen instrumento especulativo (eso es una encuesta); no es más que la venta de aire, de espejitos o de como dice una famosa canción portuguesa de protesta: de anillos de oro a un tostón.

Porque, lo que están tratando de vender son puras cuentas alegres sobre una votación futura en un país que está padeciendo de una ausencia de gobierno en todas y cada una de las áreas que debe de atender, esa es la estrategia que el oficialismo está desplegando y que muchos están comprando.

Y parece que hasta parece que las dirigencias de los principales partidos de oposición están felices con el aire ofrecido; ya que, en lugar de concentrar todos sus esfuerzos a nivel federal en la elección presidencial, las elecciones locales son otro cantar; están dilapidando muchos recursos en promocionar a sus dirigentes y a candidatos a diputados federales y al senado (se llega a ver más propaganda de candidatos a diputados que de la propia candidata a la presidencia).

Y con esa actitud que están tomando, la cual la candidata se los ha dicho, parecen olvidar que, si no van por la presidencia, no van a obtener sus preciadas diputaciones, ya que enfrente tienen al truhan de truhanes quien muy divertido les va a dar el aire prometido.

Pero más allá de las mezquindades políticas, el elector debe de estar consiente que hay muchas cosas muy sensibles que no solo no han mejorado, sino que han empeorado y que, por ello, no es creíble de manera alguna que la elección esté resuelta por una simple especulación.

Hay que tomar las famosas encuestas electorales como la especulación que son y salir a votar pensando si el gobierno ha cumplido con sus obligaciones en seguridad, en salud, en educación o si debe de ser cambiado por no haberlo hecho, ya que esa es la democracia.

Como ya es tradición en este espacio, para respetar el merecido asueto y/o las normas de religión, nos volvemos a leer pasando la Semana Santa.

felfebas@gmail.com

Twitter: @FelipeFBasilio

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