Presidente… A SU RANCHO

Su mundo sublime es la política. Él es un estratega popular que defiende –a brazo partido– a su movimiento político como un mago de la comunicación.

Nos referimos al Presidente López Obrador, quien está derrengado de tantas mañaneras y enfrentamientos cotidianos con sus opositores.

Para él gobernar no tiene mucha ciencia “porque si hablamos en términos cuantitativos lo que se requiere es un 90 por ciento de honestidad y 10 por ciento de experiencia”.

Los desvelos, peroratas, corajes, giras de trabajo, sus hijos y, sobre todo su salud, harán que se retire de los escenarios políticos.

Le urge un descanso definitivo que podría disfrutarlo –como él lo ha expresado—en su rancho allá en Palenque, Chiapas o en Inglaterra al lado de su hijo menor.

De naturaleza bravucón siempre está luchando en campañas proselitistas para difundir sus ideales y ocurrencias. Y así seguirá hasta el último día de su mandato enarbolando un poderoso liderazgo popular.

Este es el último año de su administración, el año de Hidalgo, en el que finalmente te das cuenta quién te fue leal (fe ciega) y quién mintió, robó y traicionó.

Sin embargo, el tabasqueño presume a los cuatro vientos su fortaleza física y política. Se vanagloria que una encuesta (no especificó cual) lo posiciona en segundo lugar de popularidad entre los Presidentes y Ministros del mundo.

En efecto, su fama ante el electorado es privilegiada (58 o 60 por ciento).
Pero resulta una paradoja que con una alta aprobación, la medición de su administración no tenga la misma aceptación.

Una vez que concluya su mandato se retirará por completo de la política, eso dice: “Voy a cancelar mi teléfono y voy a procurar no salir para que no me tomen fotografías. El país está en buenas manos (como si ya hubiese ganado su corcholata) con el relevo generacional”, ha expresado el Conde de Macuspana.

Además, ¿por qué otorgar blindaje legislativo a sus hijos Andrés Manuel y José Ramón?

Al primero lo hará Senador y al segundo Diputado Federal, en lo que se conoce como “testamento político”, es lo que se comenta al interior de la Cuatroté.

Lo que sucede es que López Obrador pretende proteger a sus “cachorros” de cualquier investigación o acción judicial, en caso de que Morena pierda la Presidencia de México.

El mandatario busca continuidad en el gobierno, una mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso para reformar la Constitución, y así someter a la Suprema Corte de justicia.

Por ello hace política todos los días con una narrativa inusual, y se transforma en un estratega que ataca sin piedad a sus detractores.

Por eso es el fiel de la balanza, el hombre orquesta, el “machuchón” de las masas populares; porque sin él, Claudia, Adán, Raquel, Mario y los demás, no son lo mismo.

No va a ser fácil para Morena salir adelante sin la presencia de su creador y protector.

Y la oposición, que se ha estacionado frágilmente, tendría con su ausencia político-electoral una mayor posibilidad en su destino político.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.