EL ABUCHEO
Jenaro Villamil – el “zar” de los medios públicos, según él–, no heredó el talento de su paisano Armando Manzanero.
Con capacidad imaginativa y productividad narrativa, el compositor yucateco escribió en una noche “Voy a apagar la luz”. A Villamil le ha tomado más de un sexenio apagar micrófonos. Los de la crítica, los del matiz, los de la duda.
Esa es la distancia entre Manzanero y Villamil. Uno llenaba el Auditorio Nacional. El otro vacía las estaciones.
Jenaro ha transitado por el Sistema Público de Radiodifusión (SPR) marcado por la polarización mediática, y una tensión estructural entre el mandato constitucional de servicio público y las prácticas de comunicación política que privilegian la homogeneidad discursiva.
Sus detractores lo acusan de un uso faccioso de la red de canales públicos, que ha desplazado criterios de pluralidad e independencia editorial por lógicas de alineamiento gubernamental.
El funcionario estuvo este fin de semana en Xalapa donde asistió a la entrega de reconocimientos a comunicadores por el Club de Periodistas de México A.C., Delegación Veracruz.
Al dirigirse a los periodistas, Villamil Rodríguez pretendió politizar el evento al convocar a reporteros a “defender la soberanía de la patria ante la intervención de extranjeros como la CIA”.
La respuesta fue inmediata: abucheos, chiflidos y gritos de “¡Fuera!” desde las butacas.
El Sistema Público de Radiodifusión no es tribuna de partido. Es dinero público, es mandato de pluralidad, es la radio y la TV que pagamos todos.
Subirse a un evento gremial a repartir líneas partidistas es confundir la nómina con el púlpito. Y Veracruz, tierra donde el oficio se ejerce entre fosa y amenaza, no está para catecismos.
Se distinguió a periodistas que litigan contra el silencio oficial y que cubren la nota roja con chaleco antibalas.
Veracruz no es cualquier plaza. Es la entidad con 31 periodistas asesinados desde 2010 y 4 desaparecidos, según Artículo 19.
En 2024, la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas registra 47 agresiones, 6 de cada 10 atribuidas a servidores públicos.
Gente que firmó con sangre el derecho a preguntar.
Pretender dar lección de periodismo desde la comodidad del cargo federal, en un estado que encierra, entierra y destierra colegas, es como llegar a un velorio a vender seguros.
Por eso, tras el incidente, Celeste Sáenz de Miera tomó el micrófono y recordó: “El Club de Periodistas cumple 73 años defendiendo una sola línea: la del oficio. Aquí no hay transformación ni restauración. Hay reporteros”.
Meter al Estado en la fiesta de los periodistas es como meter al lobo al brindis de los corderos.
Si el organismo que preside el yucateco necesita aplausos, que garantice presupuesto sin línea, que abra micrófonos sin filtro, que deje de confundir comunicación social con comisariato político.
El abucheo no fue falta de respeto. Fue corrección de estilo en vivo. El gremio le editó el párrafo al poder: en Veracruz se premia el riesgo, no la consigna.
Y eso, señor Villamil, también se transmite. Aunque no sea por los canales oficiales.
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