De políticos, toreros y toros bizcos
Dice -o repite- la canciller federal alemana, Angela Merker, que «ningún presidente ni alcalde ‘hereda problemas’. Se supone que los conoce de antemano y por eso se hace elegir, para gobernar con el propósito de corregir esos problemas. Culpar a los predecesores es la salida fácil y mediocre de los malos gobiernos. Si no pueden, no se postulen». Éste es, sin duda, el caso de la malograda 4T que, sin haber estudiado al toro, se pusieron cual novillero deschavetado, echados tantito a la izquierda, a recibir a un enfurecido Miura de 700 kilos, de nombre México, a “porta gayola”, con tan mala suerte que la inmensa fiera resultó bizco del ojo derecho y pues al no percatarse del engaño, se llevó de corbata cual piñata de Tlaltepan, los sueños de “abrazos y no balazos” y de corrupción cero por generación espontánea,
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