Gutiérrez Luna y el enojo de Cuitláhuac
Toda sucesión gubernamental es intensa y significa un reto para los partidos políticos. El riesgo es siempre que se desborden las ambiciones en su proceso interno de elección del candidato, se rompa la unidad interna o se convierta en fuente de conflicto que arruine la competitividad de un partido o coalición de fuerzas políticas. Cada seis o tres años se vive este fenómeno y salvo que exista un candidato fuertemente perfilado sin contrincantes enfrente, como fue el caso del hoy presidente Andrés Manuel López Obrador en el 2018, la constante es el jaloneo interno, las vencidas entre los aspirantes, el golpeteo mediático.
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