Estatuas de piedra
No soy simpatizante de Trump, más bien soy todo lo contrario, pero es justo reconocer que cuando dijo que las autoridades mexicanas se petrifican ante los cárteles tiene toda la razón.
Y es que las autoridades mexicanas no solo son aliados de los grupos criminales, son los criminales mismos y muestra de ello es que se ha descubierto que el que fuera secretario de gobierno de Adán Augusto López en Tabasco, resultó ser el líder de un grupo criminal denominado “la barredora” (en esta columna los nombres de los grupos criminales siempre van con minúsculas) que se dedicaba, entre otras cosas, al huachicol o robo de combustible.
Sí, en Tabasco, el edén, la tierra del jefe máximo de la transformación que no fue ni tampoco será en sus dos pisos, la comarca que fue gobernada por el llamado “hermano” del líder supremo y a la vez jefe del pillo en cuestión.
¿De verdad no creen que ambos López no sabían de las actividades no solo ilícitas, sino que, en contra de la nación (robarse los bienes nacionales como lo son los combustóleos es atentar en contra del pueblo de México) realizadas por Hernán Bermúdez Requena, quien fuera número dos de López Hernández y quien a su vez lo fue de López Obrador?
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