En sus narices
En medio de un despliegue militar y mediático, con decenas de elementos castrenses presentes en labores de apoyo tras las inundaciones, y el mismo día que la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Rocío Nahle acudieron a la ciudad, en Álamo la violencia volvió a imponerse con brutal claridad.
Este jueves 23 de octubre, a plena luz del día, en una localidad de ese municipio fue asesinado a balazos el empresario citrícola de 43 años Javier Vargas Arias. Un abierto desafío al Estado mexicano, cuyo aparato estaba concentrado en sus tres niveles en esa ciudad, semidestruida por las lluvias y la negligencia de las autoridades.
Ni la presencia castrense, ni la visita presidencial ni la devastación y la emergencia impidieron que un grupo armado ejecutara a Vargas Arias en la vía pública, a plena luz del día. La escena es tan absurda como reveladora: mientras se hablaba de reconstrucción, se perpetraba un asesinato. Mientras se prometía seguridad, se sembraba miedo.
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