La nueva Inquisición judicial
La “transformación” del Poder Judicial de la Federación, cuya nueva conformación entrará en funciones el próximo 1 de septiembre, no es -como se ha querido vender desde Palacio Nacional y sus satélites mediáticos y propagandísticos- una democratización de la justicia. Es, en realidad, la culminación de un proceso de captura institucional que busca convertir al aparato judicial en un instrumento de persecución política. Y los primeros en la mira son, desde antes incluso de su entronización, los periodistas críticos.
Desde que tomó el poder, el régimen morenista ha mostrado una obsesión enfermiza por controlar la narrativa pública. Lo hizo primero desde la tribuna presidencial, con las infames “mañaneras” de Andrés Manuel López Obrador, que sirvieron como paredón mediático para exhibir, descalificar y estigmatizar a comunicadores incómodos.
Luego vino la judicialización del disenso: demandas por daño moral, acusaciones de violencia política de género, y hasta procesos penales por delitos que deberían estar extintos en cualquier democracia funcional, que es lo que en este momento se vive en varios estados del país.
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