La capitulación del Estado
La semana que concluyó será recordada como una de las más aciagas en la historia reciente de México. La oleada de violencia que azotó a varios estados del centro, occidente y norte del país no puede considerarse como un hecho aislado, sino como un muy claro síntoma de la descomposición que aqueja a México en materia de seguridad, así como del claro fracaso de la política de tolerancia del gobierno de la República para con los grupos criminales, resumida en una frase del presidente Andrés Manuel López Obrador: “abrazos, no balazos”. Los delincuentes respondieron no solo con balazos, sino con una refriega violenta que dejó al menos 260 personas asesinadas entre el 9 y el 12 de agosto pasados, así como diferentes agresiones a comercios y civiles que en varios espacios, privados y públicos, ya no se duda en calificar como actos terroristas. Este clima de zozobra se produce en medio de la intentona del gobierno lopezobradorista por transferir por decreto el mando de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional, militarizando por completo una corporación que se aseguró se mantendría dirigida por civiles. Aunque valga decir que en los hechos, siempre estuvo militarizada.
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