¿Seguiremos premiando la ineptitud y la corrupción?
Antes de iniciar el comentario de la semana, es importante reflexionar acerca de la fragilidad humana frente a las mucho más poderosas fuerzas de la naturaleza y sus caprichos y un buen ejemplo de ello lo ha sido el repentino, más no imprevisible (de eso ya hablaremos más adelante), huracán Otis. Este fenómeno de la naturaleza literalmente arrasó a una de las ciudades que más le han dado fama a nuestro México y por ello desde estas líneas expreso mi solidaridad para con los habitantes de Acapulco y lugares circunvecinos e invito a quienes leen esta columna a colaborar de la manera que puedan con quienes han sido severamente damnificados. Eso sí, la recomendación es que el apoyo se brinde a través de los conductos que la sociedad civil organizada ha establecido para tales efectos y de ninguna manera apoyar por medio de los conductos del gobierno y/o su partido, no vaya a ser que la ayuda termine en el mercado informal o en bancos de alimentos de algún político para luego ser utilizados electoralmente y no para lo que es su destino; ya ha sucedido.
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