Científicos desmontan el mito de las ocho horas: el sueño óptimo no es universal
Nuevos estudios muestran que el sueño humano varía más de lo que dicta la creencia popular y que el promedio de ocho horas no aplica para todos.
Una revisión publicada en Brain Medicine cuestiona la idea extendida desde el siglo XIX de que los adultos necesitan ocho horas de sueño diarias. Investigadores analizaron comunidades de cazadores‑recolectores en Bolivia, Namibia y Tanzania, cuyos estilos de vida se asemejan a los preindustriales y carecen de luz eléctrica. Allí, las personas duermen entre 6,4 y 7,1 horas por noche y despiertan antes del amanecer sin necesidad de alarmas ni siestas.
Los resultados sugieren que la duración del sueño no depende de pantallas, ruido urbano o luz artificial, sino de factores biológicos y ambientales. Aunque estudios coinciden en que dormir muy poco o demasiado puede afectar la salud, aún no está claro qué precede a qué. La evidencia apunta a que la “persona promedio” no existe: algunos descansan plenamente con seis horas y otros requieren más, según la Fundación Nacional del Sueño de EE.UU.
Imagen ilustrativa sobre hábitos de sueño en adultos. DragonImages / Gettyimages.ru
- Miembros de comunidades preindustriales de Bolivia, Namibia y Tanzania duermen entre 6,4 y 7,1 horas cada noche. Aun así, se levantan poco antes del amanecer y completamente descansados.
12HORAS / CALIFORNIA, EU-Desde el siglo XIX se ha extendido la creencia de que las personas adultas precisan cada día de ocho horas de sueño para que se considere que han descansado lo suficiente, pero investigaciones recientes, como la revisión aparecida esta jornada en la revista Brain Medicine, ponen en cuestión ese enfoque, al advertir que cada vez hay más indicios de que ese dato es arbitrario.
El referido estudio se basó en el análisis de los patrones de sueño en comunidades de cazadores-recolectores residentes en Tanzania, Namibia y Bolivia, al considerar que sus estilos de vida se aproximan a los que prevalecían en tiempos preindustriales y que esas personas carecen de acceso a la luz eléctrica, dado que se ha vinculado ese fenómeno, de aparición relativamente reciente, con la disminución progresiva de las horas que se destinan a dormir.

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Los investigadores encontraron que sus sujetos de estudio dormían entre 6,4 y 7,1 horas cada noche. En ese caso, la duración del sueño no se podía atribuir al uso de pantallas, a exceso de luz artificial o al ruido del tráfico, factores a los que se achaca la pérdida de horas de sueño en entornos urbanos.
Además, quienes participaron de la investigación no precisaron de despertadores para levantarse a diario al filo del alba, ni de siestas diurnas para compensar lo supuestamente no dormido: estaban completamente descansados.
Aunque todavía hay mucho por dilucidar sobre el sueño, decenas de estudios han establecido con bastante confianza que tanto dormir poco como dormir demasiado gene perjuicios para la salud.
El problema es que todavía no está claro si el sueño precario o exagerado antecede o sucede a las afecciones, ni tampoco qué entrañan exactamente los calificativos «poco» y «mucho/demasiado».
Con independencia de eso, la evidencia apunta a algo más raigal: la idea de que todas las personas necesitan dormir ocho horas no es tan sólida como luce a simple vista, porque se basa en un promedio y la «persona promedio» no existe.
Así, habrá a quien le basten seis horas de descanso diario para reponer energías y habrá también quien requiera 1, como ha advertido la Fundación Nacional de sueño en EU.
RT

