Cientos o miles de millones de pesos perdidos, subejercidos, ocultados o desaparecidos; y, a la vez, creciente deuda pública. Opacidad asegura rapacidad. Del delincuencial subejercicio y la devolución amañada, para asegurar que sobraron recursos, se pasa al anuncio y casi festejo, de pedir prestado para concluir el año. Viejo, injustificado y jugoso negocio de programar o provocar, la gestión y reestructuración de la deuda pública. ¿Quiénes ganan al hacerlo o rehacerlo? Como ya se sabe y padece. Demasiados incapaces y parásitos, a cargo de la economía y de las finanzas públicas.
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