La prensa, espejo del poder corrupto
Hoy Veracruz vive dos mundos, el de la mentira institucionalizada y el de la razón ignorada.
Basta acudir a un cafetín cualquiera o encontrarse con el amigo, el vecino o en el super. Basta con vernos a los ojos y menear la cabeza, con cruzar miradas cuando nos encontramos algún fin de semana en el parque Juárez con dirección al balcón izquierdo de Palacio o mirar en la normalidad la fila de 11 suburbans, una patrulla, dos motociclistas y una ambulancia en espera de que salga la robusta jefa con mirada -actuada- de encabronamiento, para sentirnos ofendidos, lastimados en nuestra identidad.
Y ese arrodillamiento del sirviente público.
Como en la era del emperador Maximiliano, los fieles servidores con la cabeza gacha y acompañados de los flashes de la cámara rusa, con el “¡Si señora, lo que usted ordene!” y el “¡Que guapa amaneció, señora gobernadora!”, cumplen.
Todo como parte de un veneno para el veracruzano rehén de un movimiento que se tiene claro es de degeneración social.
El mismo que nos hace sentir la injusticia de la opresión. El que nos pone frente a un enorme espejo que, por más que desviemos la mirada, refleja esa despiadada realidad.
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