En Política… LAS MENTIRAS SE PREMIAN
Mark Twain, escritor, orador y humorista estadounidense, con su ironía afilada, dejó una de esas verdades suspendidas en el tiempo: “la política como el único oficio donde la mentira no solo se tolera, sino que a veces se premia”.
No es una exageración. Es un diagnóstico.
Vivimos en una realidad donde prometer se ha vuelto un acto vacío, casi automático.
Se promete como quien respira: sin intención de cumplir, sin consecuencias por fallar.
La mentira no escandaliza; apenas sorprende. Y cuando lo hace, su efecto dura lo mismo que un ciclo de noticias: un día, quizá dos, antes de ser reemplazada por la siguiente indignación.
Lo verdaderamente inquietante no es que los políticos mientan. Eso, tristemente, es parte de la naturaleza humana amplificada por el poder.
Lo alarmante es la normalización. Hemos aceptado que engañar es parte del juego, que el discurso es teatro y que la ética es opcional.
Peor aún: hemos aprendido a convivir con ello sin exigir demasiado.
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