Violencia e impunidad vs periodistas
El periodismo crítico e independiente contemporáneo enfrenta hoy el acecho del poder público -federal y estatal- y de los poderes fácticos del crimen organizado, así como de los sindicatos oficialistas. Con la transición del PRI a Morena -una mutación de priistas al nuevo partido gobernante, llamado también conversos-, el imaginario colectivo fijó la esperanza que se reduciría la desigualdad social, la narcoviolencia y se acabaría el torcido estado de derecho. Se llegó a pensar que el nuevo discurso presidencial y de los gobernadores morenistas -los emblemáticos virreyes -cambiaría el intríngulis del poder para bien de todos, con un gobierno incluyente y de unidad nacional. El periodismo crítico, independiente, que no se dobla por lisonjas del poder público, confundiendo y distorsionando los espacios de publicidad con la compra del criterio editorial, le tocó la peor parte del torquemada presidencial que, sin la mínima moral, pasa al banquillo de los acusados. ¿Qué podrían celebrar los periodistas en su día, instituido por el fallecimiento del periodista crítico Manuel Caballero en 1926? Con una sevicia descarnada y un rostro avieso, la mayoría de los sectores que integran la vapuleada sociedad civil tiene que soportar, incluyendo a los que votaron por el falso profeta tabasqueño, el descrédito, la difamación, el autoritarismo y la estridencia.
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