El país en vilo
Lo que se juega México el año entrante es, simple y llanamente, su futuro como nación. Por eso es que resulta tan preocupante el camino que están tomando los acontecimientos en el país: comunidades que toman justicia por mano propia ante la incompetencia y –peor aún- indolencia de autoridades a las que lo único que les importa es aferrarse al poder; un vacío absoluto de propuestas reales de alternativas de país por parte de quienes pretenden gobernarlo; y un régimen que se abalanza sobre las instituciones que lo fiscalizan y que le hacen contrapeso, en su infame intentona por restaurar la autocracia del peor priismo, pero ahora de color guinda. Y nada parece poder ponerle freno. Mientras se avizora inevitable que una integrante del morenato arribe a la Suprema Corte de Justicia de la Nación como ministra, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación está a punto de ser tomado por otros personeros del régimen, con lo que el resultado de las elecciones del próximo 2 de junio pende de un hilo, pues la certeza que durante más de dos décadas garantizó el órgano jurisdiccional a los comicios está a punto de desaparecer. Con todo y la evidencia de la corrupción y autoritarismo del obradorato, al menos hasta ahora tienen todo controlado. Incluido a un amplio segmento del electorado, cautivo gracias a los programas clientelares que probablemente le resuelven algo del día a día, pero que lo condenan a un futuro de dependencia de lo que cualquier gobierno quiera darles. Prebendas, migajas, más no oportunidades reales de desarrollo.
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