Entre la desaparición, los distractores y el silencio impuesto
La crisis de derechos humanos y violencia criminal que pervive en México, junto con el asedio a los medios de comunicación para que no se hable de eso, se ha convertido en una tragedia estructural.
Este lunes 11 de mayo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó un informe que reitera y confirma lo que miles de familias llevan años gritando en las calles: la desaparición de personas es, si no una política de Estado en sentido formal, sí una práctica sostenida por la impunidad y la colusión de autoridades con el crimen organizado. Paralelamente, con unos días de diferencia, la organización internacional de defensa de la libertad de expresión, Article 19, confirmó que el país sigue siendo uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo, con agresiones sistemáticas, censura y vigilancia.
El informe de la CIDH es contundente y se refrenda con cifras que coinciden de manera inequívoca: México acumulaba más de 128 mil personas desaparecidas hasta mediados de 2025 –a la fecha se habla de más de 135 mil-, lo que coloca al país en un escenario de guerra no declarada contra enemigos que han sido más letales que cualquier otra amenaza en la historia del país. Y este escenario es el resultado de un entramado institucional que así lo ha permitido.
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