Cardenal y varios colegas vacían el minibar en el hotel Santa Marta en la antesala del cónclave; le llega la cuenta
Tras el funeral del papa Francisco, los cardenales de todo el mundo han comenzado a llegar a Roma para participar en uno de los rituales más solemnes de la Iglesia católica: el cónclave que elegirá al nuevo pontífice.
El proceso arrancará oficialmente el 7 de mayo, en un clima de secreto absoluto y profunda oración, como dicta la tradición de más de veinte siglos.
Mientras tanto, la Capilla Sixtina, famosa por el imponente Juicio Universal de Miguel Ángel, se ha cerrado al público desde hace días para los preparativos. Este viernes, los bomberos del Estado Vaticano instalaron la emblemática chimenea en el techo de la capilla. Será por ese conducto que el mundo entero espere la señal: humo negro si no hay acuerdo, humo blanco si los cardenales han elegido al nuevo papa.
“La chimenea ya está lista para comunicarle al mundo el resultado de las votaciones”, comentan desde el Vaticano.
A escasos metros de la basílica de San Pedro se alza la Casa Santa Marta, el moderno hotel de cinco plantas donde se alojan los cardenales durante el cónclave. Esta residencia, conocida oficialmente como Domus Sanctae Marthae, fue hogar del propio Francisco durante su pontificado. Con más de 100 habitaciones, salones, comedor y una amplia capilla, Santa Marta ofrece comodidad, pero también total aislamiento: durante el cónclave, se retiran móviles, televisores y cualquier dispositivo que pueda romper el hermetismo impuesto por la normativa vaticana.
