De la incredulidad al dolor infinito, sin escalas. Así fue la transición de emociones que provocó en Argentina la inesperada noticia de la muerte de Diego Armando Maradona, el ’10’, el ‘Pelusa’, el ‘barrilete cósmico’, el máximo ídolo de la historia del futbol argentino, uno de sus personajes más complejos, admirados y controvertidos. Y también uno de los más queridos. Poco después de la una de la tarde, la confirmación de su fallecimiento comenzó a dispersarse en la prensa, en las redes sociales, en las calles, bajo un manto de escepticismo. «Imposible», «esto no puede ser cierto», «¿es una mala broma?», «2020, año maldito», «es una pesadilla», «el día más triste de nuestras vidas», fueron algunas de las primeras reacciones de sus fanáticos. Conductores de televisión, periodistas que tuvieron que dar la noticia en vivo no lograron ocultar las lágrimas. Tampoco lo intentaron, a sabiendas de que, aquí, es imposible desconocer el fanatismo, la incondicionalidad y el amor que ‘el Diego’ generó en millones de personas en Argentina y alrededor del mundo.
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