No tienen escrúpulos los líderes de la bancada de Morena de la LXV Legislatura local con los correligionarios que le han hecho sombra al gris y mediocre titular del Poder Ejecutivo. Las emboscadas tienen rastro y autoría. En 25 meses, la fracción mayoritaria del cuerpo legislativo, bajo la mano del anodino líder Juan Javier Gómez Cazarín, ha llevado al Poder Legislativo a una de las peores crisis de credibilidad, escepticismo, sumisión y corrupción. El saqueo de los dineros públicos de la LXV Legislatura local, en diferentes rubros, no tiene límites de la élite incondicional que encabeza Cazarín, que en algunos casos irán a parar a campañas electorales de sus candidatos privilegiados y, en otros, a su abultado peculio personal. Los bucaneros o filibusteros de Morena desde que arribaron al poder público no se han caracterizado por su mediana honradez juarista, implacable rectitud, humildad y deontología. Son la antítesis de buenos deseos quiméricos del lema obradorista de “no mentir, no robar y no traicionar (sic)”.
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