Condenar el futuro
Una de las principales cantaletas usadas por el régimen de la autoproclamada “cuarta transformación” para defender sus decisiones es que no se ha provocado una crisis como las que depauperaron a la sociedad mexicana a mediados de los 70 y principios de los 80 (con gobiernos muy similares al actual), así como a la mitad de los 90 (cuando se derrumbó el espejismo salinista de la entrada de México al “primer mundo”). Si bien es cierto que hasta hace poco los índices económicos del país se habían sostenido en niveles no catastróficos con todo y el derroche en obras faraónicas y programas clientelares, y hasta a pesar de la emergencia que supuso el confinamiento y la parálisis de las actividades comerciales por causa de la pandemia, esto se debía a que, en los hechos, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no tocó los fundamentales macroeconómicos instaurados desde hace más de dos décadas. O dicho de otra manera, las bases de la política económica “neoliberal” que según el régimen ya se “acabó” en México, permanecieron intactas, más allá de la demagogia y el discurso político.
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