¿El fin del oligarca?
Con los resultados fraudulentos y la violación recurrente del talibán de Palacio Nacional al proceso electoral federal, reconocidos por el TEPJF y admitidos por Morena, el gobierno federal y el partido oficialista están decididos a desaparecer a la oposición. En Veracruz, desde que se iniciaron los comicios federal y local el gobierno morenista de Cuitláhuac García abrió una lucha sórdida y enconada contra los partidos opositores, ONG’s, sociedad civil, intelectuales, periodistas, iglesias y hasta los propios miembros de Morena, fabricándoles delitos para acallar la crítica y la denuncia pública. Cuitláhuac y sus amanuenses mintieron en la mayoría de las promesas que hicieron para combatir los males endémicos que agobian al sector público estatal, una hidra de mil cabezas que ha corrompido a las instituciones del Poder Ejecutivo que mantienen complicidades aviesas con el crimen organizado, como lo confirma el reciente informe de la organización InSight Crime. Es larga la lista de oprobios y descalificaciones que ha cometido García Jiménez a lo largo de su administración-caso Ricardo Monreal-, al igual que su patrón y protector del púlpito mañanero, a los entes de la sociedad civil, que merecieran un castigo ejemplar, pero que, gracias a los vacíos legales de la Carta Magna, gozan de toda la inmunidad oficial. En la coyuntura, circunstancias y tiempo, el bailarín y activista de Palacio de Gobierno ha barrido con líderes sindicales, políticos, intelectuales, clérigos, madres de desaparecidos, senadores y periodistas, en lugar de tender puentes de diálogo y comunicación. Es decir, los gobiernos morenistas, le apuestan a la política del garrote, del autoritarismo, en lugar de abrir canales políticos y de soluciones deontológicas.
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