Hágase la paridad… en el puro discurso
La paridad en el acceso a candidaturas, puestos de representación popular y cargos públicos en general es sin duda uno de los logros más relevantes del movimiento feminista en materia política en los últimos años en México. Desde 2014, la paridad es un principio constitucional que consiste en que la mitad de los cargos de elección popular les corresponden a las mujeres. En 2020, se reguló el principio de la paridad en todo, con lo que ésta debe aplicarse en los tres poderes del Estado, en los tres niveles de gobierno. Lo cual incluye a los ejecutivos de las entidades federativas. Hace tres años, los partidos políticos –prácticamente todos- intentaron boicotear la paridad en todo desde el Senado y a través de sus representantes en el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), bajo la pretensión absurda de que el principio solo era válido para cargos no unipersonales, es decir, para los congresos federal y estatales, más no para las gubernaturas, que implican el acceso a un nivel de poder –y de recursos- mucho mayor que el de los legisladores. Ello provocó una reacción de organismos de la sociedad civil que echaron a andar la estrategia “Gubernaturas Ya” -avalada finalmente por las autoridades electorales-, gracias a la cual los partidos fueron obligados a postular la mitad de sus candidaturas para mujeres, incluidas las gubernaturas que estuvieron en disputa en 2021. Fue así que seis mujeres fueron elegidas como gobernadoras de sus estados.
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