Mapaches morenistas en el INE
La defensa de la autonomía e imparcialidad del Instituto Nacional Electoral fue sin duda uno de los movimientos ciudadanos más significativos de los últimos años por lo que representa en un país como México, donde movilizar a la población sin nada de por medio, más que la consciencia sobre la importancia de salvaguardar la de por sí frágil democracia, es casi imposible. La intentona del régimen obradorista de desmantelar al Instituto a través de una reforma constitucional para sustituirlo por una oficialía de partes electoral, al estilo de aquella con la que a Manuel Bartlett –hoy conspicuo morenista- se le “cayó el sistema” en las elecciones de 1988, fue ampliamente rechazada a nivel nacional por ciudadanos que, sin torta, beca o amenaza de por medio, decidieron marchar y hacer escuchar su voz, demandando a los partidos no aprobar ese bodrio que habría destruido 30 años de pluralidad política y de elecciones razonablemente confiables. Contrario a lo que los palafreneros y textoservidores del régimen difundieron en su propaganda, nadie salió en esos días a defender los “privilegios” ni altos salarios de los consejeros del INE, como se pretendió hacer creer. Simplemente, se trató de proteger al árbitro electoral de la pretensión de un gobierno que, aun cuando arribó al poder gracias a un proceso cuidadosamente organizado por el Instituto, ahora quería controlarlo por completo para cancelar lo logrado en términos de apertura electoral no por los partidos ni por la clase política, sino por los ciudadanos y sus demandas de décadas.
Leer más






