UPAV: títulos perdidos, rector sin cédula y una solución que no soluciona
Hubo un tiempo en que la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) fue un sueño noble.
Un proyecto que nació de la visión del maestro Guillermo Zúñiga Martínez, quien creyó que la educación debía llegar a todos los rincones del estado, incluso a los más olvidados. Esa idea, tan poderosa como humana, permitió que miles de veracruzanos cursaran estudios superiores sin abandonar su tierra, su trabajo ni su familia. Era la universidad del pueblo, la universidad del esfuerzo.
Hoy, ese sueño está hecho pedazos.
Miles de egresados de la UPAV han cumplido con todo: estudiaron, pagaron, acreditaron, se graduaron… pero siguen sin recibir su título profesional. Algunos llevan más de un año esperando; otros, más de cinco. Y el número crece. No hay cifras oficiales —como si el silencio fuera política institucional—, pero estimaciones internas apuntan a entre mil y cinco mil egresados afectados. Esa no es una cifra burocrática: son vidas detenidas. Jóvenes que no pueden ejercer, maestros que no pueden concursar, profesionistas que no pueden avanzar. Todo porque la universidad pública que les prometió movilidad social se volvió una maquinaria de rezago y negligencia.
El problema no es nuevo.
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