¡Haz patria, mata a un…!

Así gritaban unos vándalos infiltrados en una protesta vecinal en la Ciudad de México (con artículo, no comparto la moda de quitárselo si lo correcto en lengua española es utilizar el artículo en casos como este, aparte de que se lee y se escucha más elegante) antes de comenzar a hacer lo que mejor saben, destruir mobiliarios de todo tipo de establecimientos y dañar cuanta fachada se encontrara a su paso.

Todo eso hicieron con la complacencia de las autoridades locales y la tibieza, rayando en la frialdad, de la presidente, quien solo se limitó a decir unas cuantas palabras sin tomar acción alguna.

Demostrándose con lo anterior una vez más la renuncia del gobierno del segundo piso de la transformación que no fue ni tampoco será a, válgase la redundancia, gobernar.

Y es que, permitir que se intente hacer una “Tarde de los Cristales Rotos” en contra de quien sea y sin que haya consecuencias legales de ningún tipo en contra de sus perpetradores, no es gobernar.

Las autoridades justifican su negligencia aduciendo que ellos no reprimen, cosa que dudo mucho debido a la notoria censura practicada contra medios de comunicación y periodistas en lo individual activando, ahí sí, el sistema penal; no olvidemos que la censura es una forma de represión.

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