Tortuguismo y demagogia para resolver la crisis forense en México; entregan cadáveres sin tráquea y sin lengua
El 20 de septiembre de 2021, Julio César Cervantes Cabañas, de 47 años, se desvaneció en una calle en la Ciudad de México. Murió de inmediato por causas desconocidas, así que llevaron su cuerpo al Instituto de Servicios Periciales y de Ciencias Forenses (Incifo), pero no le avisaron a la familia.
Cinco días después, entregaron el cuerpo a la escuela de medicina del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Mientras tanto, su madre, Laura Cabañas, comenzó a buscarlo desesperadamente hasta que, por fin, localizó el cuerpo en enero de 2024.
No tenía tráquea, ni lengua. Según la denuncia, el cuerpo del familiar había sido manipulado con reactivos químicos y maltratado. En un país donde las cifras oficiales dan cuenta de 130.000 personas desaparecidos, la familia estuvo sumida en la angustia durante casi dos años y medio.
La historia es una de las que documenta la revista Proceso, en un amplio reportaje sobre las denuncias en contra del Incifo. Pero no es la primera vez que se lanzan voces de alarma.
Más recientemente, el instituto estuvo en la mira por múltiples anomalías que han alimentado la crisis forense que padece México, donde se contabilizan unos 70.000 cuerpos sin identificar en las morgues. No hay lugares ni especialistas suficientes para atender todos los casos.
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