‘¿Qué será, ay qué pasará?, ¿Qué habrá sucedido?’
Se acaba de cumplir un año de la caída de un tramo de la línea 12 del metro de la Ciudad de México, tragedia que no debió de haber ocurrido y que costó muchas vidas y a pesar del tiempo transcurrido, no existe hasta la fecha una sola explicación creíble de lo ocurrido ni mucho menos un fincamiento serio de responsabilidades. Eso no quiere decir que el gobierno de la Ciudad de México, a cargo de la cada vez menos eficiente Claudia Sheinbaum, se haya quedado cruzado de brazos; ya que para explicar la situación y tratar de librar responsabilidades, encargó un peritaje a una empresa noruega de nombre DNV, empresa que a decir de la misma Sheinbaum era una certificadora independiente con más de 150 años de experiencia en la administración de riesgos, análisis forense y de causa-raíz de fallas catastróficas en instalaciones estratégicas; en pocas palabras, una empresa que es lo mejor de lo mejor en la materia.
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