La muerte de un criminal en su justa dimensión
Como todos sabemos, el pasado 22 de febrero fue capturado el más importante cabecilla del crimen organizado en México, desafortunadamente según fuentes gubernamentales, el reo no sobrevivió a su traslado y por lo tanto no será posible que comparezca ante los tribunales.
Dicha acción tiene muchas aristas que hay que valorar.
En primer lugar, se tiene que dar el mayor reconocimiento a quienes dieron la vida en cumplimiento de su deber, me refiero a todos los soldados que murieron durante la jornada; a pesar de los pesares, en México todavía quedan muchísimas personas que ponen a la patria por encima de todo.
En segundo lugar, no se puede negar lo evidente y esto es que la eliminación del criminal fue ordenada y apadrinada por los Estados Unidos: los sobrevuelos por la región, así como las presiones diplomáticas y políticas ejercidos por el gobierno de ese país son de conocimiento público y muestran que siguen siendo un factor real de poder en México más allá de quien ocupe la silla presidencial, es decir, sin importar quién sea presidente ni mucho menos lo que haga o diga, los deseos de Washington se satisfacen a cabalidad y sanseacabó.
En tercer lugar, se tiene que señalar el, para no variar, desafortunado actuar del gobierno de la transformación que no fue ni tampoco será debido a que simplemente tiró la piedra y trató de esconder la mano y debido a ello se magnificó la reacción estilo hormiguero atacado que tuvieron los criminales durante la jornada dominguera y las siguientes.
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