México y Cuba: Una relación legendaria y contradictoria
La presidenta actual de México, Claudia Sheinbaum Pardo, enfrenta en estos días una severa crisis de identidad política. Parece olvidar que millones de mexicanos la votaron para ejercer como Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos durante el sexenio 2024-2030, mientras que otros tantos millones lo hicieron en su contra.
En las últimas semanas, la doctora Sheinbaum Pardo se ha escuchado menos como jefa del ejecutivo mexicano y más como si fungiera una Secretaría General Adjunta para América Latina del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Su defensa y preocupación por la crisis que vive la hermana nación, bajo un gobierno autoritario, ha sido notoria. Esto revive el recuerdo de acciones polémicas de su predecesor, como la contratación de médicos cubanos —un esquema criticado por explotar a los profesionales de la isla— y el envío urgente de petróleo regalado al gobierno cubano, cuyo beneficio rara vez llega al pueblo.
De hecho, en los últimos meses, la administración actual ha incrementado en un 2300% el envío de crudo mexicano a Cuba. La situación más aberrante es que este petróleo no alivia la necesidad de los cubanos de a pie. Se ha denunciado repetidamente que la cúpula del gobierno cubano lo re-vende a terceras naciones, beneficiando concretamente a lo que muchos llaman su «narcodictadura». El pasado miércoles 1 de febrero, en la «mañanera», el director de PEMEX intentó durante más de una hora explicar, al ya conocido estilo de la «4T», las razones de estos envíos, sin lograr una justificación clara ni convincente.
Montada en una terquedad y una solidaridad selectiva, la Presidenta insiste en esta línea. Surge entonces una pregunta inevitable: si tanto le duele la pobreza de los pueblos isleños, ¿por qué no dirige toda la fuerza del Estado mexicano a apoyar a Haití, una nación que lleva décadas sumida en una pobreza extrema y una crisis humanitaria devastadora?
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