“Andy” y “Nicolasito”… DOS TIPOS DE CUIDADO
En la política latinoamericana hay apellidos que pesan más que los programas y nombres propios que avanzan con escolta invisible.
Hoy, dos hijos de líderes de izquierda concentran miradas, sospechas y murmullos que recorren calles, cafés y redes sociales: Nicolás Ernesto Maduro Guerra, conocido como “Nicolasito”, y Andrés Manuel López Beltrán, al que muchos llaman simplemente “Andy”.
El primero ocupa una curul como diputado y forma parte de la Asamblea Nacional de Venezuela; el segundo funge como Secretario de Organización de Morena, una posición que, sin ser electiva, ejerce un poder real y decisivo en la vida interna del partido gobernante en México.
Dos trayectorias distintas, un mismo punto de partida: el apellido.
Ambos han crecido bajo el manto protector del poder paterno. No es un detalle menor. La custodia política —esa mezcla de influencias, silencios y favores— suele ser el mejor blindaje. Y también el terreno más fértil para que las fortunas florezcan a una velocidad que despierta dudas razonables.
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