Tan corruptos como cualquiera
Sin ningún resultado en materia de desarrollo social, de seguridad, de crecimiento económico ni de infraestructura, al régimen de la autoproclamada “cuarta transformación” solo le ha quedado aferrarse a la perorata del “no somos iguales”, porque según ellos “ya no se permite la corrupción”. De hecho, fue en ese intangible –acabar con la corrupción-, que el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador basó sus propuestas de campaña y la forma de cumplirlas. Según él, si se erradicaba la corrupción, habría los recursos públicos suficientes para fondear sus megaproyectos de obra y sus programas sociales asistencialistas. Tres años después, han desmantelado cuantas instituciones y programas han podido, sin importarles cómo funcionaran, y no hay dinero que alcance para cubrir el despilfarro de los presidenciales caprichos. Y lo peor de todo es que la corrupción goza de “cabal salud” en México.
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