LENGUA VIPERINA
Desde el máximo poder político del país se insiste, todos los días y sin sonrojarse, en que todo marcha bien. Que no hay crisis, que no hay polarización, que vivimos en una especie de paraíso democrático donde la justicia florece, la economía avanza y la seguridad se fortalece.
Pero basta con salir a la calle para comprobar que ese discurso es una ficción cuidadosamente ensayada.
La mayoría de los mexicanos no vive en el país de las cifras maquilladas ni en el de las conferencias triunfalistas. Vive en el país del miedo, del desempleo y de la incertidumbre.
Vive en el México donde cerrar temprano el negocio es una medida de protección, donde cambiar de ruta es un acto de supervivencia y donde denunciar es casi un suicidio.
¿Quién, en su sano juicio, puede afirmar que la inseguridad ha disminuido?
¿Quién puede mirar a los ojos a una madre buscadora y decirle que “vamos bien”?
¿Quién puede asegurarle a un comerciante extorsionado, a un médico amenazado o a un transportista asaltado que la estrategia funciona?
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