Oídos sordos
A casi tres de semanas de haber anunciado la intención de fusionar las secretarías de Cultura y Turismo, la gobernadora Rocío Nahle ha ignorado olímpicamente todos los llamados al diálogo y los justos reclamos de la comunidad artística veracruzana que se opone a este claro retroceso.
De nada han valido los pronunciamientos, las explicaciones, los reclamos, los manifiestos ni los argumentos de artistas y gestores culturales. Para la gobernadora, son como si no existieran. Y eso que muchos de ellos votaron por ella y su partido en las pasadas elecciones.
Por el contrario, la mandataria –que al parecer no sabe que ese término significa que tiene un mandato recibido de los ciudadanos a los cuales se debe, porque no es monarca- aprovechó la última edición de la Cumbre Tajín para refrendar su idea acerca de que la cultura es un adminículo del turismo, una herramienta para atraer visitantes y generar recursos. Y nada más.
Acompañada por la secretaria de Turismo federal –porque la del estado estaba quién sabe dónde haciendo quién sabe qué-, Nahle reiteró cuál es su idea al respecto: “turismo y cultura van de la mano y son la clave para generar empleo y movilidad económica en nuestras comunidades”. Una burda lógica de mercantilización.










