Turismo electoral frente a ineptitud gubernamental
Las autoridades y representantes populares de Morena ya agarraron como costumbre tomarse los fines de semana libres para, abandonando sus responsabilidades, procurarse viajes de turismo político-electoral más que cuestionables. Y es que si no tuvieran problemas por resolver, pendientes por atender, crisis en las cuales tomar decisiones o simplemente ser mínimamente productivos, quizás se les podría dar por bueno el pretexto de que en su “tiempo libre” –en el que seguramente dejan de ser gobernantes, funcionarios públicos o legisladores- pueden hacer lo que deseen. Incluida la “grilla” politiquera. Sin embargo, la gran mayoría tiene desempeños mediocres, sus demarcaciones están sumidas en la violencia y hay un claro déficit en el cumplimiento de todo aquello que se comprometieron a resolver. ¿Con qué argumento, con qué cara dejan todo botado para irse a hacer campaña, por otros o por sí mismos? En su desbocada carrera por hacerse de la candidatura presidencial de Morena, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ha soltado las riendas de la capital del país y quien en realidad gobierna –mal, por cierto- es el segundo de a bordo, Martí Batres.
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